GREGORIO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ

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BIBLIOGRAFÍA

Poeta, Escritor y Abogado. Nacio en La Ceja del Tambo, Antioquia, Colombia en 1826 y murio enMedellín, 1872. Este hombre, también llamado el “hombre de las 3 G”, es considerado el más valioso exponente de la poesía clásica popular colombiana, no sólo de su tierra natal Antioquia sino de toda Colombia, con trascendencia por igual a Latinoamérica. Verdadero maestro en los aspectos temáticos y estéticos de lapoética, supo tanto captar como transmitir con ella el alma misma deAntioquia, en palabras muy suyas, muy locales, sobre las cuales confirma él mismo en alguno de sus versos: …[palabras] poco españolas que en mi escrito empleo, / pues como sólo para Antioquia escribo, / yo no escribo español sino antioqueño. Gutiérrez González es un personaje emblemático por excelencia en la historia literaria de la región de Antioquia, pero también de toda Colombia e hispanoamérica. El personaje existió efectivamente, pero su vida y su obra se han convertido en una especie de acto mítico-poético fundador, en el cual la idea de “raza antioqueña” adquiere buena parte de su justificación. El “hombre de las tres Gées” es un héroe de las letras y un patricio de la autonomía regional; sin embargo, su poesía es un monumento nacional, tal como lo hizo saber el congreso colombiano en 1873cuando lo declaró “poeta de la nacionalidad”. «Cantando a todo pecho la guabina, canción sabrosa, dejativa y ruda, ruda cual las montañas antioqueñas, donde tiene su imperio y fue su cuna.» Gregorio Gutiérrez González.

FUENTE: http://es.wikipedia.org

Debido al triste privilegio de la edad y a la inextinguible gratitud a la memoria de nuestro tío paterno José Joaquín Isaza, Obispo que fue de Medellín y Antioquia, y del tío materno Gregorio Gutiérrez González, por la influencia decisiva que en nuestra educación tuvieron, tócanos llevar la voz de reconocimiento de nuestra familia ante las entidades oficiales y ante los particulares, por el empeño que han tomado en dar brillo y resonancia a la celebración del centenario de ambos personajes, erigiendo los monumentos ordenados por el legislador, en Medellín y Rionegro al primero, en la Ceja y Sonsón al segundo.

Nació Gutiérrez González en la Ceja del Tambo, en la casa de campo llamada El Puesto, como una milla al oriente de la risueña población antioqueña, el 9 de mayo de 1826; vivió largo tiempo en Rionegro, la Ceja, Sonsón y Medellín, donde murió el 6 de julio de 1872. Sus restos reposan, junto con los de Julia, en Bogotá. La Ceja los reclamó, pero la familia pasó por la pena de no acceder a tan honrosa petición, por tenerlos más a su alcance y al de los sufragios de los fieles, al amparo de la Catedral primada. Quisimos contribuir con alguna cosa digna del poeta en la celebración de su centenario; pero la falta de tiempo nos obligó a contentarnos con reproducir algunas de sus principales composiciones, tomando por base la única edición dirigida personalmente por el poeta en Medellín, en el año de 1869.

Conocidos como son los eruditos estudios biográficos de don Salvador Camacho Roldán y don Rafael Pombo, así como el fallo definitivo de altas autoridades españolas y americanas, sobre la obra literaria de Gutiérrez González, sería pretensión atrevida de parte nuestra, tratar de escribir una crítica de ella.

Por tanto, nos limitamos a reproducir algunos conceptos emitidos por don Marcelino Menéndez y Pelayo en un estudio critico sobre la obra del poeta, a quien califica de 'inventor de una especie de geórgicas realistas'. «Hay en el conjunto de las obras de Gutiérrez González dos maneras igualmente deliciosas; una la del casto amor y la inefable ternura, la de los versos A Julia…. «intimas, suaves, cadenciosas son las composiciones de este grupo; la pura sencillez de los afectos y la música melancólica que parece acompañar las gentiles estrofas, las han hecho popularísimas en Colombia, donde no sólo los literatos, sino el pueblo, saben de memoria gran número de versos de Gutiérrez González, especialmente las dos composiciones A Julia, Aures, ¿Por qué no canto? y otras varias, cuyo efecto expresa el crítico Camacho Roldán con aquella frase de uno de los poemas ossiánicos: 'Son como la memoria de las alegrías pasadas, que es a un tiempo agradable y triste al alma'.

«Pero aunque valga mucho Gutiérrez González como espontáneo y delicado poeta de sentimiento, resulta mucho más original en el extraño poema que tituló Memoria sobre el cultivo del maíz en Antioquia, y que es, sin duda, lo más americano que hasta ahora ha salido de las prensas…. poesía muy sana, robusta y confortante, pero de todo punto montaraz, que constituye el mayor hechizo de la Memoria de Gutiérrez González. Algunas pinturas de la vida rústica en insignes novelistas modernos, en nuestro Pereda, por ejemplo, pueden servir de tipo de comparación muy aproximado…. «El autor, para cumplir aquel dicho suyo Yo no escribo español sino antioqueño, hace un intemperante alarde en el uso de un vocabulario provincial, o más bien local, exigido en parte por la novedad y extrañeza de la materia; y tan antioqueño escribe, que si este poema no llevara, como en las ediciones lleva, un centenar de notas, sería con todas sus bellezas una arca cerrada, no sólo para los españoles y para los americanos de otras partes, sino para los mismos colombianos nacidos fuera del rincón en que escribió el poeta. «La Memoria sobre el cultivo del maíz cumple admirablemente con su objeto; es como ha dicho Pombo, la transformación en poesía de las más humildes y útiles labores, por la simpatía de su cantor al asunto, y por la música del verso'. Realmente Gutiérrez González poseía el don divino de convertir en poesía la más desdeñada y cotidiana prosa. La suya es poesía descriptiva directa…. El autor lo describe todo, desde los terrenos propios para el cultivo y la manera de hacer los barbechos o rozas, hasta el método de regar las sementeras y espantar los animales que hacen daño en los granos. Y es admirable la fecundidad que ha sabido descubrir en un asunto a primera vista tan pobre, trazando cuadros tan admirables y tan divinos como el de la quema, el de la ranchería, el de las rogativas, el de la recolección de frutos y el de la cocina de la roza. Si poseyese muchas cosas como este poema, la literatura colombiana sería sin duda la más nacional de América.

Y don Antonio Gómez Restrepo dice en su obra La Literatura Colombiana: «Gregorio Gutiérrez González escribió las geórgicas antioqueñas en El cultivo del maíz, poema original, valiente, de gran fuerza descriptiva, y cuyas estrofas guardan el olor agreste de la montaña primitiva. Si Gutiérrez González no hubiera sido un poeta de verdad, su Memoria, como él la llama, sería una especie de cartilla agronómica; pero él supo transformar la realidad prosaica y humilde con un torrente de poesía naturalista, llena de frescas y deliciosas imágenes, que entona y vigoriza como el aire matinal del bosque». Así que, con la benévola acogida de la Librería Colombiana de Camacho Roldán y Tamayo y de la ya famosa empresa Editorial de Cromos, nos limitamos a ofrecer al público una edición de la Memoria sobre el cultivo del maíz, con las notas de don Manuel Uribe Angel y don Emiliano lsaza, explicativas de los principales provincialismos; que hay en ella, y de algunas de las más populares poesías, en elegante pero modesta edición, al alcance de toda clase de lectores. Y óigase ante todo la palabra expresiva y férvida de Camilo Antonio Echeverri.

Emiliano Isaza. Bogotá, mayo 9 de 1926.

FUENTE: http://www.banrepcultural.org

ESTILO

Sus poemas, llenos de grandes valores reconocidos por los críticos, y situados entre el romanticismo de la época y un realismo muy propio, son agradables, de un ritmo irresistible, podría decirse perfecto, a la vez que son transmisores, no de exotismos sino de cotidianidades que exponen a la luz la vida común, la familia, el hogar y el trabajo, la tristeza y la nostalgia, el amor y el sentimiento por la vida y sus lugares comunes que el poeta hace grandes, gigantescos. El lenguaje de Gutiérrez González es atractivo, campesino y bucólico, sencillo, elegante y sobrio. Todo complementado con un sentido del humor alegre y festivo. Por eso este poeta antioqueño es imperecedero e irrepetible. Es sin duda el maestro de maestros entre los poetas clásicos populares de Antioquia y Colombia. Sobre él se expresa así Menéndez y Pelayo: “Sentimiento profundo de trabajo humano que todo lo ennoblece… Poesía sabia, primitiva, saludable y agreste, llena de ternura y de impresión directa de lo exterior, percibida y mejorada por su alma íntegra y buena”, y agrega: “Es uno de los poetas más americanos que han existido”.

FUENTE:http://es.wikipedia.org

ALGUNAS OBRAS

Sin duda el poema que lo ha hecho más conocido es la “Memoria del Cultivo del Maíz en Antioquia”, de 1866, obra deliciosamente descriptiva del proceso completo del cultivo del maíz, escrito, según el mismo maestro, en antioqueño y no en español. Este poema es un viaje épico por la siembra, a la cual muchos amantes de esta obra llaman “revelación del universo”. La vida entera, todo, nos habla allí. La flor, el sendero, el árbol… Todas las cosas que se ven simples adquieren ahora una dimensión universal, vital, sin fondo posible. Otros de sus trabajos incluyen traducciones de Víctor Hugo y Lord Byron, y algunos trabajos propios como “Aures”, “¿Por qué no canto?”, “A Julia” y “A los Estados Unidos de Colombia”. Este profundo y bondadoso caballero nos deja una sublime herencia plena de estética y construcción de tejido terrígeno, de una transparente antioqueñidad y una no menos acentuada americanidad, pues siendo grande en lo regional, lo trasciende sin duda.

FUENTE: http://es.wikipedia.org

¿POR QUÉ NO CANTO?

A Domingo Díaz Granados.

Por qué no canto?. ¿Has visto a la paloma

que cuando asoma en el oriente el sol

con tierno arrullo su canción levanta

y alegre canta

la dulce aurora de su dulce amor?.

Y ¿no la has visto cuando el sol se avanza

y ardiente lanza rayos del cenit,

que fatigada tiende silenciosa

a la amorosa

sobre su nido, y calla y es feliz?

Todos cantamos en la edad primera

cuando hechicera inspíranos la edad,

y publicamos, necios, indiscretos,

muchos secretos

que el corazón debiera sepultar;

Cuando al encuentro del placer salimos,

cuando sentimos el primer amor,

entusiasmados de placer cantamos

y evaporamos

nuestra dicha al compás de una canción.

Pero después…nuestro placer guardamos

como ocultamos el mayor placer;

porque es mejor en soledad el llanto,

y crece tanto

nuestra dicha en humilde oscuridad.

Sólo en oscuro, retirado asilo

puede tranquilo el corazón gozar;

sólo en secreto sus favores presta,

siempre modesta,

la que el hombre llamó felicidad.

¿Conoces tú la flor de batatilla,

la flor sencilla, la modesta flor?

Así es la dicha que mi labio nombra:

crece a la sombra

más se marchita con la luz del sol.

Debe cantar el que en su pecho siente

que brota ardiente su primer amor;

debe cantar el corazón que, herido,

llora afligido,

si ha de ser inmortal su inspiración.

Porque la lira en cuyo pie grabado

un nombre amado para siempre fue,

debe a los cielos levantar sus notas,

o hacer que rotas

todas sus cuerdas para siempre estén.

Pero cantar cuando insegura y muerta

la voz incierta triste sonará…

Pero cantar cuando jamás se eleva

y el aire lleva

perdida la canción, triste es cantar.

Triste es cantar cuando se escucha al lado

de enamorado trovador la voz.

Triste es cantar cuando impotentes vemos

que no podemos

nuestras voces unir a su canción.

Mas tú debes cantar. Tú con tu acento

al sentimiento más nobleza das;

tus versos puede, fáciles y tiernos,

hacer eternos

tu nombre y tu laúd: debes cantar.

Cante y arrulle tu canción sabrosa

mi silenciosa, humilde oscuridad!

Canta, que es sólo a los aplausos dado

con eco prolongado

tu voz interrumpir. Debes cantar.

Pero no puedes, como yo he podido

en el olvido sepultarte tú;

que sin cesar y por doquier resuena

y el aire llena

la dulce vibración de tu laúd.

No hay sombras para ti. Como el cocuyo

el genio tuyo ostenta su fanal;

y huyendo de la luz, la luz llevando,

sigue alumbrando

la misma sombra que buscando va.

AURES

De peñón en peñón turbias saltando

las aguas de Aures descender se ven,

las rocas de granito socavando,

con sus bombas haciendo estremecer.

Los helechos y juncos de su orilla

temblorosos condensan el vapor;

y en sus columpios trémulas vacilan

las gotas de agua que abrillanta el sol.

Se ve colgando en sus abismos hondos

entretejido el verde carrizal,

como de un cofre en el oscuro fondo

los hilos enredados de un collar.

Sus cintillos en arcos de esmeralda

forman grutas donde penetra el sol,

como el toldo de mimbres y de palmas

que Lucina tejió para Endimión.

Reclinado en su sombra, cuántas veces

vi mi casa a los lejos blanquear,

paloma oculta entre el ramaje verde,

oveja solitaria en el gramal.

Del techo bronceado se elevaba

el humo tenue en espiral azul…

La dicha que forjaba entonces el alma

fresca la guarda la memoria aún.

Allí a la sombra de esos verdes bosques

correr los años de mi infancia vi;

los poblé de ilusiones cuando joven

y cerca de ellos aspiré a morir.

Soñé que allí mis hijos y mi Julia…

Basta, las penas tienen su pudor,

y nombres hay que nunca se pronuncian

sin que tiemble con lágrimas la voz.

Hoy también de ese techo se levanta

blanco-azulado el humo del hogar:

ya ese fuego lo enciende mano extraña,

ya es ajena la casa paternal.

La miro cual proscrito que se aleja

ve de la tarde a la rosada luz

la amarilla vereda que serpea

de su montaña en el lejano azul.

Son un prisma las lágrimas que prestan

al pasado su mágico color;

al través de las lluvias son más bellas

esas colinas que ilumina el sol.

Infancia, juventud, tiempos tranquilos,

visiones de placer, sueños de amor,

heredad de mis padres, hondo río,

casita blanca y esperanza, ¡adiós!.

A JULIA

Juntos tú y yo vinimos a la vida,

Llena tú de hermosura y yo de amor;

A ti vencido yo, tú a mí vencida,

Nos hallamos por fin juntos los dos!

Así te dije. ¡Oh Dios!….¡Quién creería

Que no hiciera milagros el amor!

¡Cuántos años pasaron, vida mía,

Y excepto nuestro amor, todo pasó!

¡Con cuánto orgullo yo añadí: mi brazo

Te servirá en la vida de sostén !

De nuestro amor el encantado lazo

Risueño, ufano, al mundo lo mostré.

Mucho, mucho, mi Julia, hemos sufrido;

Un abismo descubro entre hoy y ayer;

Mas el débil fui yo, yo fui el vencido;

Tú, fuerte de los dos, tuviste fe.

Y tu fe te ha salvado y me ha salvado,

Pues unidos vinimos hasta el fin,

Cual dos olas gemelas que han rodado

En busca de una playa en qué morir.

Basta para una vida haberte amado;

Ya he llenado con esto mi misión.

He dudado de todo… he vacilado,

Mas sólo incontrastable hallé mi amor.

Julia, perdón si al fin de la carrera

Fatigado y sin fuerzas me rendí…

¡Si tu suerte enlazada no estuviera

Con mi suerte, tal vez fueras feliz!

Tú fuiste para mi como la roca

Al solo y casi náufrago bajel,

Que el ancla en ella al arrojar provoca

Las tempestades que en contorno ve.

Empero, la borrasca no te arredra,

Aunque se avanza hacia nosotros dos,

Y has querido morir como la hiedra

Que se abraza del olmo protector.

Fue desigual la unión de nuestros lares;

Yo con mis faltas, tú con tu virtud;

Tú dándome tu amor, yo mis pesares…

¡Oh! debiste salvarte, sola tú.

Mas de la vida en la penosa lucha,

Ya en el fin, como yo debes hallar

Un consuelo supremo: Julia, escucha:

Si no como antes, nos amamos más.

A DOS AMIGOS EL DÍA DE SU MATRIMONIO

Sobre vuestras cabezas inclinadas

Va a descender la bendición de Dios.

El va a santificar lo que en dos almas

Unidas ya, santificó el amor.

¡Eterna bendición que liga en ambos

El bien, el mal, la dicha y el dolor!

¡Lazo puro de amor, dos veces santo

Que forma el corazón y aprueba Dios!

¡Unión, que en las borrascas de la vida,

Forma ese puerto que se llama hogar,

Separado del mundo….! Y si es que hay dicha,

La dicha sólo en ese puerto está.

Nido formado en las desnudas ramas

De un árbol que sacude el huracán,

Que protegen y cubren, enlazadas,

Las alas de dos aves…. el hogar.

Ese tibio rincón que abandonamos

Desde niños, en busca de otro sal,

Y a donde vuelve el corazón ingrato

Que heló la sociedad…. y halla calor.

Isla flotante en medio de los mares

Que no alcanzan las olas a mojar;

Tabernáculo santo, en donde arde

La sola luz que la ventura

Eternamente la mujer perfuma,

Con su incansable amor, aquel Edén.

¡Es tan grande el tesoro de ternura

Que encierra el corazón de la mujer…!

Quiera Dios concederos cuanta dicha

Es posible en la tierra disfrutar:

Varia es la suerte, desigual la vida;

Sólo el amor compensaciones da.

Si la desgracia vuestras almas hiere,

No blasfeméis por eso del Señor:

Que todo pasa, pero vive siempre,

Y nos espera en su justicia Dios.

A LOS EE.UU. DE COLOMBIA

Vednos aquí con el fusil al brazo

Esperando el ¡descansen o el alerta!

¿Queréis la paz? Se tornará en azadas

El hierro de las mismas bayonetas.

Pero no vaciléis, y cualquier cosa

Escoged sin demora: o paz o guerra;

Que ya pesa la lanza en nuestras manos

Y en nuestros hombros el fusil nos pesa.

No creais que las puertas del Estado

Como otro tiempo encontraréis abiertas;

Iremos a escuchar cerca de Bosa

Si el eco del cañón como antes suena.

Aquí el clarín de Carolina se halla,

Y la orgullosa, altiva Cartagena

Puede escuchar al pie de sus murallas

La agreste diana de las toldas nuestras.

El grito de “a la carga” de la Honda

Puede Pasto escuchar entre sus selvas.

A doquiera que vamos, la victoria

Nos seguirá como vasalla nuestra.

Pero venid, pero venid vosotros;

Poned un pie siquiera en la frontera,

Y encontraréis un pueblo de gigantes

Que sabrá altivo perecer por ella.

Será horrible la lucha. Anchos arroyos

De sangre hermana surcarán la tierra,

Y cenizas, cadáveres y escombros

Encontraréis si la victoria es vuestra.

Pero no lo será: Dios sólo puede

Daros el triunfo, y su justicia es cierta…

Y a más de Dios tenemos el derecho

Y nuestro honor y nuestra propia fuerza.

Y ¿qué importan las lágrimas? ¿Qué importan

Los torrentes de sangre que se viertan?

¡Feliz lluvia de lágrimas y sangre

Si el iris de la paz refleja en ella!

Pero si acaso Dios nos abandona,

Venid a contemplar ruinas inmensas;

Será el cielo de Antioquia nuestro palio,

Tumba gloriosa nuestra amada tierra.

Venid a colocar el epitafio….

La fosa es ancha, la veréis repleta;

Mas no hallaréis, lo juro, ni un amigo,

Que no se encuentre sepultado en ella.

Marzo de 1864

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mas_informacion_gregorio_gutierrez_gonzalez.txt · Última modificación: 12/12/2011 18:41 por jaqueline.hurtado
 
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