JOSÉ MANUEL RESTREPO

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BIOGRAFÍA

Historiador antioqueño (Envigado, 1781 - Bogotá, 1863). José Manuel Restrepo ha sido sin duda alguna el más influyente historiador colombiano: su versión de las guerras de independencia, escrita cuando éstas apenas terminaban, sigue determinando la forma como vemos esos años conflictivos en los que surgió Colombia. Por eso, José Manuel Marroquín pudo llamarlo el primer historiador de Colombia. Nacido en una familia acomodada y tradicionalista, educado por un tío, el presbítero Alberto María Calle, fue enviado luego a Bogotá a hacer estudios de Derecho, los que concluyó con su inscripción como abogado de la Real Audiencia en 1809. Formado en una época en la que algunos profesores avanzados comenzaban a criticar las formas de enseñanza y la filosofía tradicionales, Restrepo hizo parte de los grupos innovadores que querían conocer el país y reemplazar la escolástica con la ciencia. De esto da testimonio su primer trabajo publicado: una detallada descripción geográfica de Antioquia aparecida en 1809 en el Semanario que dirigía Francisco José de Caldas. Para ello hizo también un mapa, el primer esfuerzo cuidadoso de representar la agreste geografía de su región natal. Entre 1810 y 1816 Restrepo colaboró con los gobiernos patriotas de su provincia, fue secretario de la Junta de Antioquia y del dictador Juan del Corral (cuando aconsejó reprimir a los españoles a fuego y sangre y firmó la declaración de independencia de Antioquia), representante al Congreso Federalista de 1811 y al de Mariquita de 1812, triunviro elegido en septiembre de 1814, aunque no se posesionó del cargo, y redactor (poco original) de la Constitución Antioqueña de 1815. A la caída de los gobiernos independientes huyó hacia el Cauca, pero decidió devolverse y entregarse al gobierno español. Condenado a trabajos forzados, dirigió la construcción del camino entre Sonsón y Mariquita: el gobierno de la reconquista fue en Antioquia relativamente benévolo con criollos moderados y bien relacionados, sobre todo al comienzo. Restrepo, que temía persecuciones peores, se fugó a fines de 1816 y fue a Kingston (Jamaica), donde tenía parientes y amigos dedicados al comercio. Aprendió allí el inglés y el francés, e hizo un viaje a los Estados Unidos, pues quería estudiar lo relativo a la industria textil. Indultado por los españoles, regresó a Antioquia, donde lo sorprendió el triunfo de Boyacá dedicado a los negocios. Conocido ya por su moderación, ponderación y buen saber jurídico, Bolívar lo nombró como gobernador político, en parte para que frenara en algo al gobernador militar, el joven general José María Córdova. Fue uno de sus pocos momentos radicales: apoyó el destierro de su propio tío, el presbítero Calle, por realista, y escribió elogiando uno que otro fusilamiento de civiles españoles. En 1821 ya tenía 40 años, en un país gobernado por un presidente de 28-fue al Congreso de Cúcuta, el cual presidió y en el que defendió vigorosamente el sistema centralista, y luego, como secretario del Interior, se radicó en Bogotá: entre 1821 y 1830 ocupó este cargo, que ejerció con competencia y prudencia, primero al lado del general Francisco de Paula Santander y luego de Bolívar. A Santander le criticó sus innovaciones educativas, a Bolívar sus apasionamientos ocasionales y, a Antonio Nariño, casi todo. Pero se iba haciendo más tradicionalista: apoyó en 1829 los esfuerzos del gabinete para traer un príncipe europeo a reinar en el país, como sucesor de un gobierno vitalicio de Bolívar. Le aterraban el gobierno del pueblo, las agitaciones raciales, los movimientos de negros o mulatos. Desde diciembre de 1828 fue director de la Casa de Moneda, cargo que no se atrevieron a quitarle ni los liberales, a quienes chocaba su actitud aristocrática, aunque respetaban su honestidad y sus virtudes patriarcales: lo conservó hasta 1860, cuando tenía 79.años de edad. Ocupó muchos cargos más, a veces al mismo tiempo: director de la Renta del Tabaco, director de Instrucción, director de Crédito Nacional, representante ante los gobiernos de Ecuador y Venezuela en breves pero importantes misiones diplomáticas. Dos gobiernos lo persiguieron: cuando el general José María. Melo, en 1854, tuvo que asilarse en la Legación venezolana; cuando Tomás Cipriano de Mosquera se tomó a Bogotá, en 1861, tuvo que pagar una contribución de 1000 pesos. Dos años después, en 1863, el año de la Constitución que le habría parecido un engendro monstruoso, y en la que participó como representante su yerno Bernardo Herrera, acompañado, como secretario, por su nieto, el futuro arzobispo Bernardo Herrera Restrepo, falleció en Bogotá. Restrepo llevó un diario en el que anotó los principales sucesos políticos entre 1819 y 1854: esta obra, que ha sido publicada, le sirvió como estructura para sus dos libros fundamentales: la Historia de la Revolución de las Repúblicas Colombianas, publicada en 1827 y 1858, y la Historia de la Nueva Granada, que permaneció inédita hasta este siglo. Esas narraciones, que cubren la historia de Colombia entre 1819 y 1854 (nuestro primer historiador sólo escribió de una época vivida por él y en la que fue actor importante), se apoyaron además en el acceso que tuvo, como ministro, a los archivos oficiales. La historia de las guerras de independencia de Restrepo nos dejó los retratos heroicos de Bolívar y sus colaboradores, empeñados en una lucha justa contra España. El recuento de los años veinte, aunque reconoce la capacidad administrativa de Santander y la grandeza de objetivos de Bolívar, es el relato de cómo las malas pasiones (la ambición de mando, la venalidad, la demagogia, las envidias y la inmoralidad), aunque recubiertas por el lenguaje de la libertad y la democracia, destruyeron la naciente república, que acabó en el desorden social, el militarismo y la arrogancia del pueblo. Como defensor de una democracia moderada, dirigida por la gente de bien, que controlara a la plebe e impusiera una fuerte autoridad sobre la población, como enemigo del militarismo, como amigo de la Iglesia y partidario de que ésta tuviera un fuerte influjo en la política y en la vida de los colombianos, incluso como defensor ocasional de una monarquía constitucional, Restrepo ayudó a crear el pensamiento, las actitudes y hasta los gestos sociales de las elites civiles conservadoras.

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BIBLIOGRAFÍA

Obras de José Manuel Restrepo  Restrepo, José Manuel (1809). «Ensayo sobre la geografía, producciones, industria y población de Antioquia». Semanario del Nuevo Reino de Granada (6 a 12).  Restrepo, José Manuel (1823). Memoria que el Secretario de Estado y del despacho del Interior presento al Congreso de Colombia sobre los negocios de su Departamento. Bogotá, Espinosa.  Restrepo, José Manuel (1827). Exposición que el Secretario de Estado en el despacho de Relaciones Exteriores hace al Congreso de 1827. Manuscrito inédito, Biblioteca Luis Ángel Arango.  Restrepo, José Manuel (1858). Historia de la Revolución de la República de Colombia en la América Meridional. Besanzon, Imprenta de M. Jacquin, 4 vols.  José Manuel Restrepo, Autobiografía, Bogotá, Presidencia de la República, 1957  Restrepo, José Manuel (1859). Memoria sobre la amonedación de oro y plata en la Nueva Granada.. Bogotá: Imprenta de la Nación.  http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/hnuegra/hnuegra0.htm Historia de la Nueva Granada, vol I. Bogotá,  Restrepo, José Manuel (1952). Historia de la Nueva Granada. Bogotá, Editorial Cromos y Editorial El Catolicismo, 2 vols.  Restrepo, José Manuel (1952). Memoria sobre el cultivo del café. Bogotá, Banco de la República.  Restrepo, José Manuel (1954). Diario Político y Militar. Bogotá, Presidencia de la República, 4 vols.  Restrepo, José Manuel (1969-1970). Documentos importantes para la historia de Colombia. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia. ISBN.

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ESTUDIOS Y PRIMEROS TRABAJOS

Restrepo hizo sus primeros estudios en la escuela pública de Envigado y en el Colegio Seminario de Antioquia. En 1799 viajó a Bogotá para matricularse en el Colegio de San Bartolomé, donde estudio filosofía, botánica y derecho. En 1804 la Universidad de Santo Tomás le dio el título de bachiller en filosofía y en 1809 de doctor en derecho canónico. En Bogotá fue amigo y colaborador de José Celestino Mutis y Francisco José de Caldas en sus estudios botánicos y geográficos. Después de volver a Antioquia elaboró el primer mapa técnicamente elaborado de la región, para acompañar su primer obra, “Ensayo sobre la Geografía, Producciones, Industria y Población de la Provincia de Antioquia en el Nuevo Reino de Granada”, y que fue publicada, en 1809, en el Semanario del Nuevo Reino de Granada que dirigía Caldas. Al regresar a Antioquia fue asesor del gobernador español Francisco de Ayala, y cuando se formó, en septiembre de 1810, la Suprema Junta Provincial, fue nombrado secretario de ella. El año siguiente fue elegido, con Juan del Corral, como representantes de Antioquia en el Congreso de las Provincias Unidas, que debía reunirse en Bogotá. Aunque el Congreso no pudo reunirse, en noviembre de 1811 firma, en representación de Antioquia, el Acta de Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, formada por Antioquia, Cartagena, Neiva, Pamplona y Tunja, sin participación de Cundinamarca, que se niega a formar parte de la federación. Restrepo regresó a Antioquia a fines de 1812 y en enero de 1813 es nombrado asesor por su padre José Miguel Restrepo, que en ese momento ocupaba la gobernación. Al asumir la dictadura don Juan del Corral lo nombró secretario de Gracia y Justicia, y a la muerte del dictador, en enero de 1814 fue también Secretario único del nuevo gobernador, Dionisio Tejada. Este mismo año es nombrado por el Congreso Nacional miembro del triunvirado que debía ejercer el poder ejecutivo, formado además por Manuel Rodríguez Torices y Custodio García Rovira pero no acepta y es remplazado por José Miguel Pey. Al año siguiente es diputado en representación de Rionegro en el Colegio Constituyente que redacta la segunda constitución de Antioquia, y asiste también al Congreso Nacional.

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RESTREPO DURANTE LA RECONQUISTA Y LA INDEPENDENCIA

A mediados de 1816 los ejércitos españoles reconquistaron a Antioquia, y Restrepo huyó en dirección al sur. Sin embargo, decidió regresar después de unos meses, y volvió a Rionegro ante el gobernador español Francisco Warleta. Aunque al comienzo es bien tratado, después se ordena que vaya a dirigir las obras de apertura del camino de Sonsón a Mariquita. Después de unos meses decide fugarse y se escapa en noviembre de 1817 hacia Kingston y los Estados Unidos. Su esposa, Mariana Montoya, logra un indulto para Restrepo, que regresa a Rionegro a comienzos de 1819. Lograda la independencia con la Batalla de Boyacá, Bolívar nombra a Restrepo gobernador de Antioquia, con el apóyo, como jefe militar, del Coronel José María Córdoba. El nuevo gobierno logra derrotar finalmente los restos de los ejércitos españoles en Chorros Blancos, el 12 de febrero de 1820, con lo que se confirma la independencia de la región.

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OTRO CARGO POLÍTICOS Y ADMINISTRATIVOS

En 1821 Restrepo renunció a la gobernación para ocupar su curul como diputado al Congreso de Cúcuta. Allí fue elegido presidente del Congreso y participó, con su pariente José Félix de Restrepo, en la redacción y discusión de la Ley de Libertad de Partos, que concedía la libertad a los hijos de los esclavos que nacieran después de aprobada, cuando cumplieran 18 años. Al terminar el congreso y expedirse la Constitución de Cúcuta, Simón Bolívar nombró a Restrepo Secretario del Interior y Relaciones Exteriores, cargo que ocupó desde 1821 hasta fines de 1829. En 1828 fue nombrado Administrador de la Casa de Moneda, un empleo que ejerció con algunas interrupciones hasta 1860, cuando ya tenía 79 años.

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EL HISTORIADOR

Desde muy joven Restrepo fue un escritor infatigable. Entre 1819 y 1858 llevó un diario detallado de los hechos políticos y militares del país, que le sirvió para escribir sus dos obras históricas más importantes: “Historia de la Revolución de la República de Colombia” e “Historia de la Nueva Granada”. La primera fue la gran obra de su vida, para la cual se basó en una inmensa colección de documentos que recogió aprovechando su posición oficial: quería escrigir la historia de cómo se había logrado la independencia de Colombia, que incluía entonces las repúblicas posteriores de Colombia, Venezuela y Ecuador, en la forma más imparcial posible. Una primera edición fue publicada en 1827, pero siguió extendiendo la narración hasta 1830 y revisando la obra, que fue publicada nuevamente en 1858. Esta obra fue la obra inaugural de la historiografía republicana en Colombia y contribuyó en forma substancial a definir los elementos del patriotismo colombiano y de la visión de la nación en el siglo XIX.

FUENTE:1http:es.wikipedia.org ====DON JOSE MANUEL RESTREPO==== Parece que el primer escrito de José Manuel Restrepo fue el e hizo insertar en las columnas de “El Semanario” de Caldas, el título de Ensayo sobre la Geografía, producciones, industria y población de la Provincia de Antioquia en el Nuevo Reino de Granada; trabajo que corresponde muy bien con su título, y que mereció elogios de la pluma de don Lino de Pombo cuando se ocupó en trazar la biografía de Caldas. Está fuera de duda que Restrepo como escritor quería ser útil a sus compatriotas; estudiaba las cuestiones que se debatían para ilustrarlas con su opinión; con perseverancia digna de ser imitada, acopiaba hojas sueltas, folletos, periódicos, libros y manuscritos nacionales; documentos que se proponía consultar como base para levantar la historia de su país. De esa colección, que a su muerte legó a sus hijos, manifestando su voluntad de que el público podía utilizarla leyéndola, debió servirse también para formar un Diario Histórico, relato manuscrito e inédito que comprende los sucesos desde 1819 hasta 1858. Es éste un trabajo que merece el calificativo de muy curioso e importante, digno de lectura y de aprecio, porque el autor era hombre serio y de juicio reflexivo, y, por tanto, hemos de suponer que no estampó allí sino lo que presenció o llega su conocimiento con caracteres inequívocos de verdad. Es relación gana en interés de 1830 en adelante, como aumenta en datos y exactitud. De ella se sirvió el historiador para la composición de las dos partes en que dividió su Historia de Colombia. (Se recordará que la segunda lleva el título de Historia de. la Nueva Granada) No excusamos transcribir una muestra del Diario citado, que ha de servir como de termómetro para apreciar el carácter y tendencias morales del autor. “Desde el 1 de julio de 1856, en que principia esta narración, no pudo Restrepo ocuparse activamente en llevar a cabo la impresión de la Historia de Colombia. Dejóla para 1857. En este año abrió con buen éxito una suscripción y consiguió que los señores Juan de Francisco Martín y Manuel María Mosquei residentes en París, se interesaran generosamente en realizar la, empresa, ofreciendo que harían todo lo que estuviera a su a1cance. En efecto, D. Juan celebró el contrato con M. Joaquín, de Besanzon, quien se obligó a imprimir la obra, más barata que los impresores de París. Así fue que en todo el año de 1858 se hizo la impresión de los cuatro tomos de que se compone la historia, cada uno de 600 a 700 páginas. (Fue corregida por los señores Mosquera y Julio Arboleda y se imprimieron 2.15O ejemplares). “En 1859 se recibieron en Bogotá los ejemplares y el público tuvo conocimiento de la Historia. “Parece que ésta ha gustado generalmente y pocas críticas se le han hecho. Pero no se puede explicar bien, cómo es que ningún periódico ha analizado la obra para elogiar su mérito o censurar sus defectos. Sea de ello lo que fuere, Restrepo se ha complacido en haber podido hacer a su patria el servicio de escribir la Historia de Colombia, que ignoraba toda nuestra juventud de 30 a 40 años de edad. “Al mismo tiempo que Restrepo daba los pasos conducentes para imprimir su historia, se ocupaba en 1858 en corregir su Diario político y militar o Memoria sobre los sucesos importantes de la época. Formó tres gruesos tomos que componen 922 pliegos de cartas, en letra menuda, la mayor parte del tutor. Esta obra es de la mayor importancia para la historia, y la terminó en 31 de agosto de 1858. Comprende el espacio de 38 años, sin interrupción alguna. Es un trabajo que Restrepo recia mucho por su fondo, aunque el estilo no sea bien correcto, por no haber tenido tiempo de corregirlo mejor. “El autor emprendió ese diario para ocuparse de preferencia en escribir la Historia de la Nueva Granada desde 1832 en que mina la de Colombia. Tiene ya escrito hasta 1850 y la mayor parte en limpio. Para cerrarla en el año de 1858 en que se estableció en Nueva Granada el gobierno federativo. .. Los negocios de intereses de Restrepo han ido mejorando bajo la buena de su hijo Ruperto. Para eso compró en 1858 una casa a continuación del Palacio del gobierno, Carrera de Popayán, número 37. La refaccionó en 59 y la ocupó con su familia, dejando antigua habitación de la Casa de Moneda. En seguida renunció el empleo de Administrador de ésta, y le fue admitida la denuncia en 31 de agosto de 1860. Sirvió ese destino 30 años. Separóse de él con sentimiento, pues abandonaba antiguas y agra dables habitudes. Hízolo por sentirse debilitado por los años 1861/2 y ser preciso descansar después de haber servido a su patria desde 1810, por el espacio de 46½ años” FUENTE: http://www.banrepcultural.org ====APUNTAMIENTOS SOBRE LA EMIGRACIÓN QUE HIZO EN 1816 DE LA PROVINCIA DE ANTIOQUIA A LA DE POPAYÁN==== La revolución que comenzó en la Nueva Granada en 20 de julio de 1810, cuando se estableció una junta de gobierno en la ciudad de Santafé, había durado con varios sucesos hasta 1816. En el mes de enero de este año se supo que el ejército y escuadra española habían tomado la plaza de Cartagena, mandadas por el general don Pablo Morillo y su segundo, don Pascual Enrile; que don Sebastián de Calzada había derrotado a las tropas independientes mandadas por García Rovira, y que todo anunciaba una próxima terminación de la guerra. Yo me hallaba en Medellín de secretario del gobierno y vi también que la provincia de Antioquia iba a ser ocupada muy pronto. Así llevé a mi mujer e hijo para aguardar el desenlace. Se pasaron los meses de enero y febrero en la incertidumbre del éxito, cuando en los primeros días de marzo se supo que una división española de infantería y caballería avanzaba de Zaragoza a Remedios. Ninguno podía creer que por aquellos caminos fuera posible que entrara caballería, pero el suceso quitó la duda. El 24 de marzo se supo que la división de tropas de la provincia mandadas por Linares y Malo había sido derrotada en la Ceja de Cancán que habían recibido un terror pánico a la vista de 22 húsares; que no hacían frente, pues huían en el momento. Las acciones fueron el 18, 21 y 22 de marzo; las tropas independientes se retiraron hacia Barbosa, cerrando los caminos para impedir la persecución. Algunos eran de sentir que en Barbosa debía arriesgarse una nueva acción, pero yo siempre juzgué que no se debía exponer a un saqueo el hermoso valle de Medellín, el que sería inevitable después de una acción, que con tropas bisoñas y espantadas era preciso que se perdiese. Además los pueblos se hallaban cansados de la revolución y deseaban que se restableciera el gobierno antiguo, bajo el cual creían descansar. El 29 de marzo casi todos los habitantes de Medellín habían emigrado a los campos y el lugar estaba solitario; por consiguiente el gobierno sin apoyo. El 26 vino a Medellín el comandante Linares con el capellán de las tropas doctor Céspedes. Dijeron al gobernador revolucionario don Dionisio Tejada que no había que contar con soldados bisoños, y que la división española constaba de 1.500 hombres de infantería y caballería bien disciplinados. En consecuencia aconsejé a Tejada que diera orden para que no se empeñara acción en Barbosa y que las tropas se retiraran. Entonces descansé, por la suerte del valle de Medellín. Tejada resolvió irse con las tropas a la provincia de Popayán, lo que yo jamás creí que se pudiera conseguir. El 26 fue miércoles, y yo llevé muy temprano a mi mujer y a mi hijo Valentín con mi madre y hermana Nicolasa al Envigado, para que de allí siguieran el 28 a los Titiribíes, a la casa de mi tío Pedro de Restrepo, a donde debían pasar un mes, en tanto que los españoles arreglaban la provincia para que se libertaran de cualquier insulto, que son inevitables, de soldados vencedores. A las 11 de la mañana volví a Medellín. Jueves 27 de marzo. La ciudad estaba sola, y así los pocos vecinos que habían quedado se juntaron en la casa de moneda, y se hicieron patrullas toda la noche; yo estuve también acuartelado para conservar el orden. Tejada firmó en este día una circular a los cabildos diciéndoles que se retiraba a Popayán. Yo había resuelto irme a Honda por Sonsón a fin de meterme en las montañas de los andaquíes y salir por ellas al río Amazonas. Esta empresa era pintada por algunos como fácil, pero los mapas manifestaban que era difícil; mas no había otra salida. También pensaba seguir a Popayán para juntarme con algunos amigos y tomar la misma ruta atravesando el páramo de Guanacas. Todas mis medidas estaban prontas para semejante viaje. Disuelto el gobierno y mandadas retirar las tropas, nada me quedaba que hacer sino emprender mi emigración. Salí, pues, de Medellín para el Envigado a las 5 de la tarde. ¡Qué ideas tan melancólicas las que me ocupaban hacía más de un mes! Tener que abandonar a mi mujer que se hallaba encinta y con mi pequeño Valentín de dos años; dejar a mis padres, amigos, etc., y quizás para siempre. Hallarme expuesto por opiniones políticas y por los sucesos de la revolución que habían sido inevitables, a morir en un cadalso como un criminal, eran sin duda ideas horriblemente funestas. Sin embargo varias reflexiones me dieron valor y serenidad en tan críticos momentos. “Es preciso que el hombre se muestre impávido a todo lo que es necesario e inevitable”, máxi- ma preciosa de uno de los primeros filósofos del último siglo. A las 6 de la tarde llegué al Envigado y ya estaba todo pronto para que mi familia siguiera el día siguiente para Amagá con mi tío don Pedro de Restrepo. Viernes 28 de marzo. Jamás olvidaré este día, uno de los más funestos de mi vida, el que probablemente no tendrá igual. A las 5 de la mañana me despedí de mi esposa, madre, etc. Dejo a cualquiera que ame a su familia la consideración de este momento, viendo a una mujer joven y querida en extremo, que anegada en llanto no puede separarse de mí, y cuyos brazos es preciso desenlazar de mi cuello… Pero corramos un velo a escena tan melancólica. Yo vi a algunas personas después, y a las 7 de la mañana salí para Rionegro hacia donde antes de amanecer había seguido mi equipaje, que se componía de una carga de baúles, una de petacas, un criado pequeño nombrado Pablo, una mula y un caballo de silla. Hallé la cuesta de las Palmas muy mala, y hasta la una de la tarde no llegué al principio del Llano de Chachafruto. Llegué a una casa a comer algo y allí me dijeron haber noticias de Rionegro, que habían jurado al rey, que se esperaba una división de tropas españolas aquel día; que todas las personas distinguidas habían emigrado, entre ellas don Sinforoso García, con quien yo pensaba reunirme y quien llevaba mis provisiones. Tales noticias eran inesperadas para mí, pues ignoraba lo que podía haber sido causa de aquellas novedades. Dudé algún tiempo lo que debía hacer, si seguir por la Ceja a juntarme con García o retroceder. Mas conociendo lo que son los pueblos en tales casos, temí que yendo sólo me quisieran poner preso para congratularse con el vencedor. Resolví, pues, volver a dormir aquella noche al Envigado y seguir a Popayán por Amagá. Así alquilé un caballo que llevara los baúles, pues la mula estaba fatigada. Yo saqué el dinero que tenía, que eran 800 pesos, y lo puse en el cojinete de mi silla; di orden al criado que precisamente fuera aquella noche al Envigado; monté en la mula, y mi negro Pablo siguió conmigo en el caballo. Caminé bien aprisa y a las 5 y ½ de la tarde llegué a aquella parroquia. Busqué un caballo de camino que me sirviera en cualquier apuro, el que me costó 50 pesos. A las 7 llegó Linares con algunos oficiales y soldados para preparar cuarteles a las demás tropas que dormían aquella noche en Hatoviejo. Sábado 29. Dormí en la casa de mi padre, y a las 3½ de la mañana monté en el caballo, llevando el criado el otro. Caminé sin novedad hasta las 7½ en que me alcanzó un hombre de Itagüí, el que me dijo que aquella mañana había dormido un rato en su casa el gobernador Tejada con un peón y un mozo dependiente suyo, Abad, y que había seguido por la montaña de San Miguel. Esto me dio cuidado porque juzgué que habría novedad. Tejada pensaba seguir con las tropas para ir más seguro. A las 9½ llegué a Amagá y vi allí a mi mujer, madre y hermanos. Les oculté la mayor parte de las cosas que sabía y dije a mi tío que aquella misma tarde debía yo adelantar mis jornadas para ver a Tejada en Santa Bárbara. Busqué una mula más, un buen peón y algunas provisiones de que yo carecía, porque las debía tomar en Rionegro, y a las 3 de la tarde seguí a dormir en el paraje que llaman los Guarcitos. A poco hallé a don Juan Bautista Quintana, de Remedios, y don Juan Muñoz, de Barbosa, con quienes seguí; a las 6 de la tarde arribé a lo de don Joaquín Vásquez en que me vi con dos hijas de doña Micaela Barrientos que habían venido a esconderse allí. Este día fue igualmente penoso y triste para mí, pues tuve que volverme a separar de mi familia. Domingo 30. Muy temprano monté en mi mula habiendo antes aconsejado a don Juan Muñoz que no emigrara, pues él no tenía mayores comprometimientos. Caminé mucho y a la 1 de la tarde llegué al Guamal cerca de Santa Bárbara para saber si Tejada había pasado, pues allí se unen los caminos de Zabaletas y Amagá. Seguí, pues, a Santa Bárbara y fui a posar a donde un Duque. Aquella parroquia está arruinada del todo. A las 5 de la tarde me alcanzó Quintana y mis baúles. Las gentes que vinieron de Zabaletas de misa, dijeron que el cura había predicado aquel día sobre la obediencia al rey, y que se había acabado la república. También que se habían embargado en el mismo pueblo varios cajones del gobierno revolucionario, lo que no me agradó pues por la pintura que me hicieron, conocí que eran los papeles de la secretaría. Don José Ignacio Duque me dijo igualmente que a nadie dejaban pasar por Bufú sin orden del gobierno, así que si yo no la llevaba, que era mejor fuera por Caramanta, y saliera a la Vega de Supía por aquel camino que ya estaba cerrado. Sin embargo Quintana y yo determinamos ir a Arma. Lunes 31. Muy temprano hicimos ensillar y nos adelantamos dejando atrás el peón de los baúles solo, pues él dijo que era práctico del camino. Mas por precaución llevaba el dinero en el cojinete. El río Buey estaba crecido, sin embargo pasamos a éste y el de Arma sin novedad; tampoco tuvimos alguna hasta Arma, adonde arribamos a las 3 de la tarde. Allí supimos que don Sinforoso García y los demás emigrados de Rionegro habían seguido aquella mañana para Bufú. Doña Bárbara Tanco y sus hijos estaban esperando en esta parroquia a su marido, el gobernador Tejada. La hallé en las mayores aflicciones. Todo su equipaje se lo habían dejado cerca del Abejorral; había rumores de estar embargado por las justicias de Rionegro, y ella no tenía un pan que comer con su numerosa familia. Vino a mi posada bañada en lágrimas, preguntándome sobre todo por su marido a quien juzgaba preso. Yo la consolé diciéndole que yo lo juzgaba muy próximo, pues venía por Zabaletas, y que si allí se oponían a que pasara podría hacerlo con una escolta de soldados. Yo verdaderamente creía que así era. Di a aquella desgraciada dama algún dinero y vestuarios, y quedé de enviarle mulas de la Vega para que siguiera y esperara allí a su marido. FUENTE: http://www.banrepcultural.org =====ARTÍCULOS ESPECIALIZADOS===== CLICK AQUÍ =====CONTENIDO MULTIMEDIA===== CLICK AQUÍ =====REGRESAR===== José Manuel Restrepo

mas_informacion_jose_manuel_restrepo.txt · Última modificación: 06/12/2011 23:21 por jaqueline.hurtado
 
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